DEFENDER LA IDEA DE DIOS COMO PUNTO COMÚN DEL SECTOR RELIGIOSO

El pasado 4 de julio, con ocasión del Día Nacional de la Libertad Religiosa, el Congreso de la República fue escenario de la 3.ª Cumbre de Libertad Religiosa, organizada por el Partido MIRA. Durante el evento, diversos panelistas compartieron valiosas reflexiones en torno a la garantía de este derecho fundamental, entre las cuales sobresale una idea central: la idea de Dios como punto de encuentro del sector religioso.

Esta idea, que inspira el presente artículo y otras intervenciones dirigidas a exaltar la libertad religiosa, tiene su origen en las palabras de la Hermana María Luisa Piraquive, Líder Mundial de la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional, a quien se dedica este escrito como un reconocimiento a su incansable labor en la defensa del nombre del Altísimo.

Como sector religioso, podemos tener prácticas, doctrinas y formas distintas de entender lo sagrado; pero si algo nos une, es la defensa de la idea de Dios. No estamos llamados a definir cuál Dios, sino a recordar que la idea de Dios es la raíz común que nos da sentido, que nos convoca y que sostiene nuestra presencia en lo público. Por ejemplo, la conmemoración del Día Nacional de Libertad Religiosa y de Cultos, celebrada en el Congreso de la República, y ¿gracias a qué? a la idea de Dios.

Y justamente, ese es el desafío que enfrentamos como sector religioso: que desaparezca la idea de Dios. El verdadero riesgo que enfrentamos no es que pensemos distinto o que haya discusiones entre nosotros; el riesgo real es que, mientras discutimos, la idea de Dios se va borrando del corazón de la gente. En los colegios, en los medios de comunicación, en la política, cada vez es más fácil hablar mal de Dios y más difícil defenderlo sin que nos ridiculicen.

Nos están sacando de la conversación pública con argumentos disfrazados de modernidad, y, si el sector religioso no defiende eso que nos une, que es la idea de Dios, nadie lo hará. Este no es un asunto de religión; en nuestro concepto, este es un asunto de conciencia. Es la idea de Dios la que se está perdiendo, y, cuando se pierde eso, lo perdemos todo. Todos lo perdemos todo.

Por ello, hay una discusión necesaria que como sector religioso debemos darnos, y es defender a Dios, no competir por Él. El verdadero debate que nos convoca no es entre confesiones, sino frente a un mundo que quiere que Dios deje de importar. Y cuando reducimos los espacios que como sector religioso hemos ganado, a discusiones y divisiones internas, le estamos haciendo el trabajo a quienes quieren borrar toda forma de fe del espacio público.

Pero no todos los desafíos que enfrenta el sector son externos. Al interior del sector también hay retos. El primero de ellos es el silencio como forma de complicidad.

Porque nos duele, y con razón, cuando nos cierran las puertas. ¿Pero, saben qué duele más? Que cuando esas puertas se cierran, el silencio del sector prevalece. Porque, por ejemplo, cuando un congresista es atacado, no por sus ideas políticas ni por sus argumentos jurídicos, sino por creer en Dios y se burlan de su fe como si fuera ignorancia, la pregunta es: ¿dónde está la voz del sector religioso?

En ese sentido, cuando se ofende la fe de uno, no se está atacando a una sola persona; se está golpeando lo más profundo que todos compartimos: la idea de Dios. Y, si como sector callamos frente a esa ofensa, estamos renunciando al derecho a exigir respeto después por parte de otros sectores.

Y el otro desafío que enfrentamos es el daño interno de celebrar el fracaso del otro. Ver con indiferencia, o peor aún, con alivio, que a alguien del sector le vaya mal, es un error que nos empobrece a todos, porque en el fondo, no se está celebrando una caída, se está debilitando la legitimidad de todos.

Cuando un nombre de nuestro sector es ridiculizado públicamente, lo que se pone en juego no es solo la trayectoria personal de ese individuo; es la credibilidad del hecho religioso en la vida pública. Y eso, en principio, debería dolernos a todos.

Por eso, queremos hacer un llamado a la defensa común con altura para defender esa idea de Dios. Así como las 13 Colonias fundaron una nación unida por la idea de Dios, aunque cada una creyera distinto, nosotros también podemos construir una agenda sólida del sector religioso. No desde la doctrina, sino desde la raíz que compartimos, porque lo que está en juego no es quién tiene la razón o quién tiene la verdad, sino si  la idea de Dios seguirá viva en la conciencia colectiva de este país.

Y este asunto nos plantea un desafío para el futuro, porque lo que no se entrega está destinado a perderse. Si no formamos a los jóvenes, a los nuevos liderazgos del sector, todo lo que se ha construido como sector puede desaparecer en una sola generación. Este es el momento de invitarles, de abrirles paso y de confiar en que, al igual que nosotros, ellos también sabrán cuidar con respeto y convicción la idea de Dios en lo público.

Un último llamado  es a desaprender esa idea que nos han enseñado por años: que solo podemos avanzar si pensamos igual. La libertad religiosa no se trata de uniformar creencias, sino de respetar que cada uno tiene su forma de buscar a Dios y de entenderse con lo sagrado. Por eso, debemos construir y defender, desde la diferencia, para que la idea de Dios siga vigente en la conciencia colectiva de nuestro país y de la humanidad. 

Laura Alzate 
Abogada y miembro de la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional 
Ponencia Tercera Cumbre de Libertad Religiosa – Congreso de la República 
4 de julio de 2025.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *